Los efectos de los fenómenos meteorológicos extremos en los cultivos europeos

Por tercer año consecutivo, Europa ha tenido que vérselas con altas temperaturas estivales y periodos prolongados de sequía. Muchas zonas agrícolas europeas han experimentado escasez de lluvia desde principios de mayo y algunas de las principales regiones de cultivo de hortalizas se han enfrentado a un déficit de lluvias de 200 mm, en comparación con las precipitaciones medias de mayo y junio. En otras partes de Europa, los cultivos han resultado dañados por el exceso de lluvias y graves tormentas de granizo, seguidos de sequía a comienzos de julio. El invierno ha durado más de lo normal y la primavera ha sido muy húmeda, lo cual ha provocado retrasos en la plantación.
Los rendimientos potenciales de varios cultivos se han visto afectados negativamente por el retraso de las plantaciones y, en muchos casos, los sistemas radicales no se han desarrollado adecuadamente a tiempo para hacer frente a la sequía. Los recientes vientos de noreste, combinados con temperaturas elevadas, han agravado los problemas causados por la sequía al incrementar todavía más las tasas de evaporación. Y con las pocas lluvias que se prevén en las próximas semanas, existe un grave riesgo de que la sequía evite la plantación de cultivos de hortalizas que se siembran más adelante.
Las condiciones meteorológicas extremas experimentadas en toda Europa pueden derivar en pérdidas en los campos, tanto en calidad como en cantidad. En consecuencia, la industria transformadora se encontrará con una grave escasez de suministro de todos los cultivos de hortalizas en el próximo periodo.
El Observatorio Europeo de la Sequía ha elaborado un mapa de las sequías actuales en Europa, donde la división resulta bastante clara: el norte lidia con una sequía mientras que más al sur ha habido exceso de lluvias. La situación no mejorará. Los agricultores ya están regando sus cultivos, pero muchas políticas locales o nacionales en toda Europa prohíben el uso de aguas superficiales para cualquier otro fin que no sea el de agua para beber. Dichas medidas afectan directamente a los cultivos herbáceos, pero este año, incluso en casos en los que no ha sido posible regar, los equipos de riego han logrado compensar la pérdida de agua mediante evaporación, agravada por los vientos de noreste.

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